Detectan en Beta Pictoris b un campo magnético miles de veces más potente que el de la Tierra
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Un planeta situado a unos 64 años luz de nosotros acaba de protagonizar un descubrimiento histórico.
Astrónomos lograron detectar por primera vez ondas de radio procedentes directamente de un exoplaneta y, gracias a ellas, estimaron la intensidad de su campo magnético.
El protagonista es Beta Pictoris b, un gigantesco mundo gaseoso varias veces más masivo que Júpiter. Las señales sugieren que posee un campo magnético de al menos 1.250 gauss, una intensidad unas 2.500 veces superior al valor aproximado del campo magnético terrestre en la superficie.
Y no, no es una señal alienígena.
Todo apunta a que las emisiones están relacionadas con auroras extremadamente poderosas.
Beta Pictoris b es un exoplaneta joven que orbita la estrella Beta Pictoris, situada a unos 63 o 64 años luz de la Tierra.
Se trata de un gigante gaseoso con una masa aproximada de una docena de veces la de Júpiter y que gira alrededor de su estrella a una distancia comparable, en términos generales, con la órbita de Saturno alrededor del Sol.
Los astrónomos llevan años estudiándolo porque es un planeta relativamente joven y brillante, lo que permite analizar su atmósfera y comprender mejor cómo se forman los gigantes gaseosos.
Ahora acaba de proporcionar algo que hasta el momento no se había conseguido medir directamente en otro planeta fuera del Sistema Solar: la intensidad de su campo magnético.
El descubrimiento fue realizado utilizando MeerKAT, un conjunto de radiotelescopios situado en Sudáfrica.
Los investigadores observaron el sistema Beta Pictoris durante varias sesiones realizadas entre 2025 y 2026.
Cada vez aparecían ráfagas breves y recurrentes de ondas de radio.
Lo primero que había que demostrar era de dónde procedían.
Una estrella joven como Beta Pictoris también puede producir emisiones de radio, por lo que detectar una señal en esa región no significa automáticamente que venga del planeta.
Pero al comparar con precisión la posición de las emisiones con la ubicación de la estrella y de los planetas conocidos del sistema, los investigadores concluyeron que la fuente coincidía con Beta Pictoris b.
Las ondas detectadas no eran emisiones de radio convencionales.
Presentaban una fuerte polarización circular, una característica asociada a un fenómeno conocido como máser ciclotrónico de electrones.
Aunque el nombre parece complicado, tenemos ejemplos mucho más cerca.
Los planetas con campos magnéticos, como la Tierra y Júpiter, pueden producir emisiones de radio cuando partículas cargadas interactúan con sus magnetosferas.
Es el mismo tipo de proceso relacionado con las auroras.
En la Tierra vemos las auroras boreales y australes como luces en el cielo.
En mundos con campos magnéticos mucho más intensos, esos procesos también pueden generar potentes emisiones de radio.
Aquí aparece el dato espectacular.
Las señales detectadas alcanzaron frecuencias de hasta 3,5 GHz.
En este tipo de emisiones, la frecuencia máxima permite calcular la intensidad mínima del campo magnético que las genera.
El resultado fue de aproximadamente 1,25 kilogauss, es decir, unos 1.250 gauss.
Para comparar:
El campo magnético terrestre cerca de la superficie ronda aproximadamente los 0,5 gauss.
Por tanto, el campo detectado en Beta Pictoris b sería unas 2.500 veces más intenso.
La cifra de “mil veces más potente” utilizada en algunos titulares es correcta como aproximación conservadora, pero los datos del estudio apuntan a una diferencia todavía mayor.
Y además se trata de un valor mínimo.
El campo magnético real podría ser incluso más fuerte.
Puede parecer enorme desde nuestra perspectiva, pero Beta Pictoris b tampoco es precisamente un planeta pequeño.
Tiene varias veces la masa de Júpiter y es un mundo extremadamente joven.
Los objetos de este tamaño pueden generar campos magnéticos mucho más fuertes que la Tierra debido a los procesos que ocurren en sus interiores.
Los astrónomos ya han encontrado campos de miles de gauss en enanas marrones, objetos que se encuentran a medio camino entre los planetas gigantes y las estrellas.
Por eso, un campo tan potente en Beta Pictoris b no resulta completamente inesperado.
Lo extraordinario es que hayamos conseguido medirlo directamente.
Los campos magnéticos desempeñan un papel fundamental en la evolución de los planetas.
Pueden proteger parcialmente sus atmósferas del viento estelar y de partículas cargadas procedentes de su estrella.
También ofrecen pistas sobre lo que ocurre en el interior del planeta.
En la Tierra, nuestro campo magnético se genera mediante movimientos del hierro líquido del núcleo externo.
En gigantes gaseosos como Júpiter, los mecanismos son diferentes, pero estudiar sus campos permite comprender mejor su estructura interna.
Hasta ahora, analizar esto en exoplanetas era extremadamente difícil.
La detección de Beta Pictoris b abre una nueva forma de estudiar mundos que se encuentran a decenas o incluso cientos de años luz.
Indirectamente, sí.
Un campo magnético no convierte automáticamente a un planeta en habitable.
Júpiter tiene uno enorme y claramente no es un lugar donde podamos vivir.
Pero en planetas rocosos, conocer la presencia de una magnetosfera podría ayudar a comprender cómo una atmósfera resiste la radiación y el viento de su estrella durante miles de millones de años.
Por eso, desarrollar técnicas capaces de detectar campos magnéticos alrededor de exoplanetas es una herramienta importante para la astronomía.
Beta Pictoris b no es una segunda Tierra.
Es más bien el laboratorio perfecto para demostrar que esta técnica funciona.
Curiosamente, Beta Pictoris b llevaba tiempo siendo un candidato para este tipo de observaciones.
Un estudio publicado en 2024 intentó detectar emisiones aurorales del planeta utilizando el radiotelescopio uGMRT en frecuencias más bajas.
No encontraron ninguna señal.
El nuevo trabajo utilizó MeerKAT y observó en un rango diferente, entre aproximadamente 0,85 y 3,5 GHz.
Esta vez, las señales aparecieron.
Eso también demuestra lo difícil que resulta buscar este tipo de fenómenos.
No basta con apuntar un telescopio hacia el planeta. Hay que observar en las frecuencias correctas y contar con suficiente sensibilidad para distinguir las emisiones del ruido y de su propia estrella.
El descubrimiento es muy prometedor, aunque todavía no está completamente cerrado.
El estudio fue publicado como preprint en arXiv, lo que significa que todavía no ha completado el proceso formal de revisión por pares.
Otros astrónomos consideran que la evidencia es convincente, pero señalan que sería especialmente importante observar cómo las señales cambian siguiendo la rotación del planeta.
Beta Pictoris b gira aproximadamente una vez cada ocho horas.
Si las emisiones aurorales aparecen y desaparecen siguiendo ese ritmo, sería una prueba adicional muy fuerte de que realmente proceden de regiones magnéticas del planeta.
Siempre que los astrónomos detectan una señal de radio procedente de otro sistema planetario aparece inevitablemente la misma pregunta.
¿Aliens?
En este caso, la explicación es mucho más natural.
Las características de la señal encajan con mecanismos conocidos de emisiones aurorales producidas por campos magnéticos.
Es decir, no estamos escuchando una civilización extraterrestre transmitiendo desde Beta Pictoris b.
Estamos escuchando algo quizá igual de interesante desde el punto de vista científico: el campo magnético de un planeta situado a 64 años luz de distancia.
Durante décadas hemos estudiado exoplanetas observando cómo bloquean la luz de sus estrellas o analizando directamente la radiación que emiten.
Ahora aparece otra posibilidad.
Escucharlos en radio.
Si este resultado se confirma, los astrónomos podrían comenzar a utilizar emisiones aurorales para medir los campos magnéticos de otros mundos.
Eso permitiría conocer mejor sus atmósferas, interiores y evolución.
Hace apenas unas décadas ni siquiera sabíamos con certeza si existían planetas alrededor de otras estrellas.
Hoy somos capaces de detectar las ondas de radio producidas por sus auroras y estimar la fuerza de sus campos magnéticos.
Y Beta Pictoris b acaba de demostrar que algunos de esos mundos son mucho más extremos de lo que imaginábamos.
Fuentes: arXiv, Science News
james
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