Muere Margaret Hamilton, la pionera cuyo software ayudó al Apolo 11 a llegar a la Luna
🕒 Lectura estimada: 7 min
Margaret Hamilton, pionera de la informática que lideró el desarrollo del software de vuelo del programa Apolo, murió a los 90 años.
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Margaret Hamilton, pionera de la informática que lideró el desarrollo del software de vuelo del programa Apolo, murió a los 90 años.
Hay una fotografía que probablemente hayas visto alguna vez.
Una joven con gafas permanece de pie junto a una enorme montaña de libros que prácticamente alcanza su altura.
Aquellos volúmenes no eran enciclopedias.
Eran impresiones del software desarrollado para los computadores de vuelo del programa Apolo.
La mujer que aparece junto a ellos es Margaret Hamilton, una de las figuras fundamentales de la historia de la informática y de la llegada del ser humano a la Luna.
Hamilton murió el pasado 30 de septiembre a los 90 años, según confirmó el Instituto Tecnológico de Massachusetts, MIT. MIT News
Su legado está presente cada vez que un programa informático detecta un error, decide qué tarea es más importante y consigue continuar funcionando en lugar de colapsar.
Y en julio de 1969, algo parecido ocurrió a pocos kilómetros de la superficie lunar.
Hoy resulta normal pensar que el software es una parte fundamental de prácticamente cualquier máquina.
En los años sesenta no era tan evidente.
Cuando Estados Unidos comenzó a desarrollar el programa Apolo, buena parte de la atención estaba concentrada en cohetes, motores, combustible y hardware.
Pero las naves también necesitaban computadores capaces de orientarlas, navegar por el espacio y ejecutar numerosas operaciones críticas en tiempo real.
El MIT Instrumentation Laboratory consiguió el contrato para desarrollar el software de vuelo utilizado por el programa Apolo.
Margaret Hamilton llegó al proyecto en 1965 como su primera programadora y primera mujer contratada para ese trabajo, y posteriormente pasó a dirigir el equipo responsable del software de vuelo de las misiones tripuladas. Para 1968 era subdirectora responsable del equipo del módulo de mando y servicio dentro de una operación en la que trabajaban más de 400 personas.
Conviene hacer aquí una precisión que muchas veces se pierde: Hamilton no era una empleada directa de la NASA. Trabajaba en el laboratorio del MIT que desarrollaba el software para la agencia espacial NASA
El momento que convirtió aquel software en parte de la historia ocurrió el 20 de julio de 1969.
Neil Armstrong y Buzz Aldrin descendían hacia la superficie lunar a bordo del módulo Eagle cuando el computador comenzó a lanzar alarmas.
Primero apareció un 1202.
Después, un 1201.
La computadora estaba recibiendo más trabajo del que podía procesar.
En un sistema mal diseñado, aquello podría haber terminado bloqueando el computador y obligando a cancelar el aterrizaje.
Pero el software del Apolo estaba preparado para algo diferente.
Cuando detectaba una sobrecarga, podía descartar tareas de menor prioridad y conservar aquellas esenciales para mantener el vuelo y completar el descenso.
Houston evaluó las alarmas y permitió que la misión continuara.
Minutos después, Armstrong y Aldrin estaban sobre la Luna.
Con el paso de los años, aquella historia se ha simplificado muchas veces hasta afirmar que “Margaret Hamilton salvó el Apolo 11”.
La realidad es más interesante.
El aterrizaje fue posible gracias al trabajo colectivo de ingenieros, programadores, controladores de vuelo y astronautas.
La contribución de Hamilton y su equipo fue diseñar un sistema capaz de detectar errores, recuperarse de ellos y proteger las operaciones más importantes cuando el computador estaba al límite.
NASA destacaría posteriormente conceptos desarrollados por Hamilton y su equipo como el procesamiento asíncrono, la planificación por prioridades, las pruebas de extremo a extremo y la capacidad de decisión con intervención humana como fundamentos del software moderno de alta confiabilidad.
Es decir, no se limitaron a programar una computadora para que funcionara cuando todo salía bien.
La programaron pensando en qué debía ocurrir cuando algo saliera mal.
La hazaña resulta todavía más sorprendente cuando se observa el hardware disponible.
El Apollo Guidance Computer disponía de apenas unos pocos kilobytes de memoria y debía ejecutar simultáneamente tareas de navegación, orientación y control de la nave.
El sistema utilizaba un modelo de ejecución basado en prioridades que permitía mantener los procesos críticos incluso durante una sobrecarga. NASA
Compararlo directamente con un smartphone moderno resulta injusto porque son arquitecturas y épocas completamente diferentes.
Pero sirve para poner algo en perspectiva:
el software que ayudó a llevar seres humanos a la Luna tenía que funcionar con recursos que hoy resultarían insignificantes.
No había actualizaciones de emergencia.
No había reinicios cómodos.
Y definitivamente no había un botón para “intentarlo nuevamente mañana”.
La influencia de Hamilton fue mucho más allá del Apolo.
Durante aquellos años defendió la idea de que desarrollar software debía tratarse como una verdadera disciplina de ingeniería y no simplemente como una actividad secundaria frente al hardware.
NASA y el MIT la acreditan con haber ayudado a popularizar el concepto de “ingeniería de software” y a establecer muchas de las prácticas que posteriormente se convertirían en parte normal del desarrollo de sistemas críticos. NASA Science
Esa precisión es importante porque a menudo se afirma que Hamilton “inventó” el término.
Su papel histórico está mejor documentado como una de las personas que lo impulsaron y ayudaron a convertirlo en una disciplina reconocida.
Después del programa Apolo fundó empresas dedicadas precisamente al desarrollo de software y sistemas altamente confiables. MIT News
El reconocimiento oficial llegó décadas después.
En 2016, Barack Obama entregó a Margaret Hamilton la Medalla Presidencial de la Libertad, el mayor honor civil de Estados Unidos.
La Casa Blanca destacó entonces que su arquitectura de software había contribuido al alunizaje y que sus aportes ayudaron a establecer nuevas formas de ingeniería de software.
También recibió el NASA Exceptional Space Act Award en 2003 y numerosos reconocimientos relacionados con la informática, la aviación y la exploración espacial.
Pero probablemente ninguna imagen represente mejor su legado que aquella fotografía de 1969.
Hamilton aparece junto a una torre de documentación impresa correspondiente al software desarrollado por los equipos del módulo lunar y del módulo de mando.
La fotografía se convertiría décadas después en uno de los símbolos más reconocibles de las mujeres en la historia de la tecnología.
Hoy hablamos de inteligencia artificial, aplicaciones, sistemas operativos y programas que controlan automóviles, aviones, hospitales y prácticamente toda nuestra infraestructura.
En los años sesenta, el software todavía luchaba por ser reconocido como una disciplina propia.
Margaret Hamilton estuvo allí cuando aquello comenzó a cambiar.
Su equipo no solamente escribió código para viajar a la Luna.
Ayudó a demostrar que un sistema informático podía diseñarse anticipando errores, priorizando tareas y recuperándose cuando ocurría algo inesperado.
Más de medio siglo después, seguimos intentando conseguir exactamente lo mismo cada vez que construimos software crítico.
Margaret Hamilton tenía una frase para describir aquellos años:
habían tenido que ser pioneros porque no tenían otra opción.
Y pocas personas pueden decir que su código tuvo como destino final otro mundo.
james
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