Mahjong: el juego chino que está conquistando Estados Unidos y convirtiéndose en un negocio millonario
🕒 Lectura estimada: 8 min
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Ni videojuegos de última generación ni aplicaciones de inteligencia artificial. Una de las nuevas tendencias en Estados Unidos tiene más de un siglo de historia, se juega alrededor de una mesa y utiliza fichas decoradas con símbolos chinos.
Se trata del mahjong, un juego tradicional que está viviendo un inesperado renacimiento entre jóvenes, profesionales y comunidades que buscan nuevas formas de socializar. Lo que antes era una actividad habitual en reuniones familiares se ha transformado en un fenómeno que reúne clubes exclusivos, accesorios de diseño y negocios que mueven millones de dólares.
Según un reportaje de CNN publicado el 19 de septiembre de 2026, las búsquedas de clubes de mahjong en Yelp aumentaron un 4.467 % durante 2025. El interés siguió creciendo y las búsquedas relacionadas con tiendas y clubes alcanzaron máximos históricos en agosto de 2026.
Pero detrás de esta fiebre también hay una discusión interesante: ¿qué ocurre cuando un juego profundamente ligado a la cultura china se convierte en una tendencia de lujo en otro país?
El mahjong nació en China durante el siglo XIX y se expandió por el mundo durante las primeras décadas del siglo XX.
A primera vista, sus fichas pueden recordar a las del dominó, pero su funcionamiento es diferente. El juego tradicional suele reunir a cuatro personas que deben formar combinaciones mediante fichas numeradas y símbolos especiales.
Cada jugador recibe una mano inicial y, durante su turno, toma y descarta fichas para construir una combinación ganadora. La estrategia consiste en decidir cuáles conservar, anticipar los movimientos de los rivales y aprovechar las oportunidades que aparecen durante la partida.
Existen distintas versiones, como el mahjong chino, el japonés y el estadounidense, cada una con sus propias reglas.
Y un dato para quienes crecieron jugando en el computador: el clásico videojuego en el que debemos eliminar parejas de fichas apiladas se llama Mahjong Solitaire. Aunque utiliza fichas similares, es un rompecabezas individual y no el mismo juego tradicional de cuatro participantes.
En Estados Unidos, el mahjong ha pasado de ser una actividad asociada principalmente con reuniones familiares y comunitarias a convertirse en una experiencia social que también atrae a nuevos públicos.
Una muestra de esta transformación es Heron House, un club ubicado en Charlotte, Carolina del Norte.
El establecimiento cuenta con un espacio cuidadosamente decorado, mesas equipadas con soportes para copas y ganchos para bolsos, además de una zona de juego diseñada para recibir a sus socios.
La membresía puede alcanzar los 179 dólares mensuales y algunos juegos de fichas cuestan hasta 475 dólares.
Pero no todo está reservado para quienes pagan una suscripción. Heron House también organiza encuentros abiertos al público por 15 dólares, cuyo recaudo se destina a iniciativas benéficas.
Otros establecimientos han adoptado conceptos similares. En Nashville existe House of Sweet Tea & MAHJ, una antigua tienda de velas transformada en estudio de juego, mientras que en Scottsdale, Arizona, The Mahj Clubs propone una experiencia inspirada en los clubes sociales privados.
El resultado es una combinación de entretenimiento, decoración y vida social que ha conseguido atraer a personas interesadas tanto en aprender el juego como en conocer gente.
El auge del mahjong también está impulsando un mercado de productos que va mucho más allá de las fichas tradicionales.
Ahora es posible encontrar tableros personalizados, tapetes estampados, bolsas de transporte con monogramas y fichas decoradas con temáticas que van desde estampados de animales hasta diseños inspirados en estrellas del pop.
Una de las empresas que ha aprovechado esta tendencia es Oh My Mahjong, fundada hace aproximadamente cuatro años.
La compañía ofrece juegos y accesorios de diseño. Un conjunto completo puede costar entre 660 y 925 dólares, dependiendo de los elementos incluidos.
Lo que comenzó como un pasatiempo tradicional se ha convertido en una oportunidad comercial para pequeños emprendimientos, fabricantes de accesorios y establecimientos especializados.
Y aunque los precios de algunos productos parecen bastante elevados para un juego de mesa, reflejan cómo una experiencia social puede transformarse en un negocio de estilo de vida.
No todo el crecimiento del mahjong gira alrededor de los productos exclusivos.
Para muchos jóvenes estadounidenses de ascendencia asiática, este resurgimiento representa una oportunidad de reconectar con sus familias y tradiciones.
Angie Lin, una emprendedora taiwanesa-estadounidense, organiza encuentros culturales mediante su empresa East Never Loses.
Sus actividades combinan partidas de mahjong con elementos de la cultura asiática, la música y espacios de encuentro para las nuevas generaciones.
La compañía incluso organizó una sala de mahjong durante una celebración del Año Nuevo Lunar que reunió a celebridades y contó con el patrocinio de marcas como Netflix y Hennessy.
Otro ejemplo es Jacob Chang, un joven de ascendencia ecuatoriana y china que fundó Red Eye, un club social de mahjong en Tampa, Florida.
Su proyecto comenzó como una reunión de cinco amigos en un apartamento y evolucionó hasta convertirse en un espacio que organiza encuentros para principiantes.
A diferencia de los clubes exclusivos, Chang ofrece actividades con entradas que suelen costar alrededor de 15 dólares.
Su objetivo es acercar el juego a personas que no pueden pagar cientos de dólares por un conjunto de fichas, pero quieren aprender, divertirse y compartir con otros jugadores.
El crecimiento comercial del mahjong también ha generado críticas.
Para algunas personas de origen asiático, resulta extraño ver cómo un juego que durante generaciones formó parte de su vida familiar ahora se comercializa como una experiencia de lujo.
El debate no gira simplemente alrededor de quién puede jugar. También plantea preguntas sobre el reconocimiento de su origen, la representación de las comunidades que lo han mantenido vivo y quién obtiene los beneficios económicos de esta nueva popularidad.
Angie Lin, por ejemplo, considera importante que el crecimiento del mahjong vaya acompañado de educación sobre su historia y significado cultural.
Desde el otro lado, empresas como Heron House sostienen que buscan crear espacios inclusivos y han comenzado a incorporar clases de mahjong chino y colaboraciones con grupos asiáticos locales.
Oh My Mahjong también afirma que procura conservar elementos tradicionales chinos en sus diseños y que cuenta con integrantes asiático-estadounidenses dentro de su equipo creativo.
No se trata de una discusión sencilla. El mahjong tiene una larga historia de adaptación cultural, incluida su presencia durante décadas en comunidades judías estadounidenses, que desarrollaron una variante con reglas propias.
La cuestión es cómo permitir que el juego siga evolucionando sin perder de vista a las comunidades que forman parte de su historia.
En una época dominada por las pantallas, resulta curioso que un juego de mesa centenario esté atrayendo a una nueva generación.
Pero precisamente ahí podría encontrarse parte de su atractivo.
El mahjong ofrece una experiencia difícil de reproducir en una aplicación: sentarse con otras personas, conversar, aprender una estrategia y compartir una actividad que no depende de mirar constantemente el celular.
Además, permite organizar encuentros alrededor de una mesa sin necesidad de dominar desde el primer día todas sus reglas.
Su nueva popularidad también encaja con el interés por las actividades presenciales y las experiencias que combinan entretenimiento con comunidad.
El fenómeno estadounidense demuestra que incluso un juego con más de un siglo de historia puede encontrar nuevos públicos cuando cambia la manera de presentarse.
Y aunque algunos prefieran una mesa sencilla en casa y otros estén dispuestos a pagar una membresía exclusiva, ambos comparten algo: el placer de reunirse a jugar.
Por ahora, el crecimiento documentado por CNN se concentra en Estados Unidos, especialmente en ciudades donde han surgido clubes y emprendimientos especializados.
No existen datos suficientes para afirmar que Colombia esté experimentando un fenómeno comercial similar.
Sin embargo, el mahjong es un juego que puede descubrirse sin necesidad de invertir en accesorios costosos. Existen versiones digitales, comunidades de jugadores y conjuntos tradicionales que permiten aprender sus reglas.
Para quienes disfrutan del dominó, las cartas o los juegos de estrategia, puede ser una alternativa interesante para compartir con amigos.
La historia del mahjong también deja una reflexión sobre la manera en que cambian nuestras aficiones.
Mientras la industria tecnológica continúa buscando nuevas formas de mantenernos conectados digitalmente, un juego chino del siglo XIX está recordándonos que, a veces, la mejor conexión sigue ocurriendo alrededor de una mesa.
james
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