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Tecnología y Sociedad

Mitos y verdades de la comida rápida

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fast-foodEl mayor enemigo de la comida rápida, no son los defensores de la salud, ni los documentalistas que se matan comiendo un mes lo mismo en el mismo restaurante; en realidad son las mamás.

¿Por qué digo que las mamás? Por que desde que tengo uso de razón a mi me han dicho que la comida rápida: “La pizzita”, “la hamburguesita” y en sí, todas esas comidas que a uno le gustan no son buenas para el estomago.

Tengo que debatir la posición de estas defensoras de la sopa y los platos típicos, pues hace poco fui invitado a la cocina de Mcdonalds uno de los restaurantes de comidas rápidas más conocidos y grandes del mundo, a evaluar y conocer el proceso y los ingredientes con los que preparan sus hamburguesas.

Me llevé varias sorpresas al conocer que usaban la misma marca de tocineta que uso en mi casa, los mismos quesos y lácteos que tengo en mi nevera y el mismo pan que seguramente tienen muchos de los que están leyendo, tienen en su cocina. Si, el del osito.

Entonces ¿porqué el miedo? ¿será algo infundado? ¿algo cultural? Más bien el miedo a la extinción de la sopa, que por cierto, no es tan benéfica como lo afirma la leyenda. Es una combinación de tubérculos y vegetales que hervida por mucho tiempo elimina muchas de sus vitaminas y propiedades.

Con esto no quiero decir que no ame la sopa. En realidad amo toda la comida y por eso escribo desde mi experiencia. Si todas las personas pudieran conocer la procedencia de los alimentos y las cocinas de los restaurantes a donde comen seguro no existirían tantos mitos.

Que la carne de gusano, que el transgénico, que el gluten. Llevamos más de 2000 años comiendo “mal”, pero comiendo lo que queremos. Acá el problema no se trata de la comida sino de la educación para comer. Y no me refiero a la urbanidad de Carreño, -que el tenedor chiquito va primero, que los codos en la mesa son de mala educación-. Me refiero a que la ingesta de vegetales, frutas y todo lo que resulta benéfico para cuerpo debe ser obligatoria.

Así termino mi travesía detrás desde una de las cocinas con más mitos y leyendas que el parque Tayrona. Solo quiero decirles que como sucede con todo en esta vida. Uno no debe “comer” entero.