El trabajo en red va más allá del 2+2

Claudia P. Pinzón M.
Trabajadora Social

El debate alrededor de las estrategias de formación de participación ciudadana ahora se enfoca a las experiencias de apropiación social de la ciencia y la tecnología durante el III Foro Internacional Con-Ciencia Abierta 2008, en el que se ha hecho posible el diálogo de saberes y el reconocimiento de las experiencias de países como Costa Rica, México, España, Venezuela y por supuesto Colombia.

Es el caso de Alejandra León Castellá, coordinadora de la Red de Popularización de la Ciencia y la Tecnología Red-Pop de UNESCO en Costa Rica, quien enfatiza en el debate el uso de las tecnologías de la información y la comunicación (TICS) como “facilitadoras en la construcción colectiva y descentralizada del conocimiento”, es por ello que retroalimenta al auditorio con el modelo no formal de la educación y el uso de la tecnología en la comprensión de la realidad, refiriéndose a la sociedad como un entorno cambiante y dinámico en el que “las cosas aburridas ya no están llegando muy lejos, hay que divertir para que la emoción surja y nos enganchemos con el conocimiento”.

Así mismo, argumenta que “la tv, el cine, los video juegos y el mundo virtual antecedieron y anclaron a la gente en una visión de mundo”, visión que hoy nos cuestiona sobre lo que el ser humano comprende de su entorno y cómo lo comprende, un desafío ético-político que permita a los generadores de conocimiento en ciencia y tecnología, aportar a la comprensión de la realidad basada en otros saberes y concepciones que hasta ahora han sido subvalorados por algunos empresarios, académicos e ilustrados.

En este sentido desmitificar el imaginario que se tiene no solo de la ciencia sino de la educación, requiere una transformación en el abordaje del conocimiento, ello implica la definición de estrategias fundamentadas en metodologías y enfoques coherentes con el contexto.

La Red-Pop por ejemplo plantea una perspectiva lúdica, cotidiana y significativa para el ser humano con el fin de generar mayor apropiación de los recursos histórico-culturales de las regiones, concibiéndolos según refiere Alejandra León Castellá como “espacios seguros para conversaciones difíciles”.

Así mismo plantea que la experiencia en Costa Rica extiende un trabajo investigativo a lo largo de un proceso de tres años con el fin de generar indicadores sobre la percepción que se tiene de ciencia en la comunidad, lo que minimiza la inmediatez y el activismo para darle paso a procesos mucho mas estructurados. Evidencia de ello puede ser la adjudicación del premio Latinoamericano de Popularización de la Ciencia y La Tecnología 2007-2009 al cual hace referencia Alejandra en su ponencia.

Por su parte, una experiencia Colombiana socializada por Mariela García, Directora del Instituto De Investigación Y Desarrollo En Abastecimiento De Agua, Saneamiento Ambiental Y Conservación del Recurso Hídrico (CINARA), de la Universidad del Valle, refleja como “la tecnología es vista como un medio, donde los procesos están centrados en la gente, la tecnología es una opción operada por las mismas comunidades y son ellas quienes deciden que es lo que más les conviene”.

Claramente CINARA desde su experiencia en el tema de abastecimiento de agua y la conservación de recursos hídricos en la periferia urbana de Cali, realza la importancia del abordaje interdisciplinario y de inclusión social, describiendo como sus equipos de trabajo conformados por ingenieros, trabajadores sociales, psicólogos, sociólogos y comunicadores sociales se enfrentan a “la necesidad de abandonar el papel de expertos y asumir un rol de facilitadores de procesos, así como a innovar en las formas de intervención y reducir el sesgo androcéntrico que tiene la tecnología.”

En esta lógica conciben “la participación ciudadana desde un enfoque de género que reconoce el saber de la comunidad, donde se generan relaciones horizontales que implican un cambio de actitud de los profesionales, la construcción de alianzas y el trabajo en red, donde la comunidad adquiere el dominio de la lógica de las tecnologías, su funcionamiento y se hacen responsables de controlar y gestionar su propio desarrollo.”

Para finalizar, citando al señor Pablo Kremer, “el modo en que se define el conocimiento define el modo en que actuamos” y no encuentro mejor forma de ejemplificarlo que parafraseando algunas voces de mujeres de laderas y valles que han dejado la con-ciencia abierta gracias a estas percepciones: “los señores que trabajaban aquí pues son constructores y creían que se las sabían todas y cuando uno les decía su punto de vista decían que las mujeres a la cocina (…) pero nos hemos dado cuenta que somos complemento, que hombre y mujeres podemos aprender y dar ideas (…) muchas veces una comunidad no tiene alcantarillado es por que no se lo propone (…) ya no hay tantas enfermedades, ni tantas mujeres embarazadas por ahí, ya hasta aprendimos a manejar el agua en la casa(…) la comunidad tiene un espacio más, un derecho a participar (…) participar para que no se fueran a torcer los recursos, para que no hubiera mal gasto(…)”2

Entonces, ¿quién define el conocimiento y cómo lo define?, ¿quién define nuestro conocimiento y cómo lo define?, ¿Qué clase de sociedad definimos y cómo incidimos en su construcción?