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Anthropic revela cómo criminales y actores estatales intentaron usar Claude para ciberataques, fraudes y vigilancia
🕒 Lectura estimada: 9 min
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Anthropic publicó un nuevo informe de inteligencia de amenazas que muestra el lado menos cómodo de la inteligencia artificial: los modelos avanzados no solo sirven para escribir, programar o investigar mejor, también están siendo probados por criminales, grupos estatales y operadores de propaganda.
La compañía detrás de Claude asegura que, durante los últimos ocho meses, detectó y desmanteló varias operaciones en las que distintos actores intentaron usar sus modelos para actividades maliciosas.
El informe cubre casos entre diciembre de 2025 y agosto de 2026, y toca siete áreas de riesgo: ciberoperaciones, vigilancia, campañas de influencia, estafas, uso indebido biológico, desarrollo de armas convencionales y destilación ilícita de modelos.
La conclusión es preocupante: la IA ya no está siendo usada solo como asistente. En varios casos, Anthropic afirma que los atacantes intentaron convertirla en una especie de operador que acelera, organiza y automatiza partes completas de una operación.
Uno de los puntos más fuertes del informe es que Anthropic detectó un cambio en la forma en que los actores maliciosos usan la IA.
Antes, muchos abusos se limitaban a pedir ayuda para redactar correos falsos, traducir mensajes o explicar código. Ahora, según la compañía, algunos grupos están usando modelos de IA para coordinar flujos de trabajo más complejos, especialmente en ciberoperaciones.
Anthropic advierte que la IA está reduciendo la brecha entre atacantes sofisticados y operadores con menos recursos. Es decir, tareas que antes requerían equipos especializados, conocimientos técnicos profundos y mucho tiempo ahora pueden acelerarse con modelos avanzados.
En palabras simples: la IA puede hacer que atacantes menos expertos parezcan más capaces.
Y eso cambia bastante el panorama de seguridad.
La sección de ciberoperaciones es una de las más delicadas del informe.
Anthropic describe casos en los que actores vinculados a espionaje estatal, criminales financieros y operadores políticos intentaron usar Claude para acelerar actividades como reconocimiento, desarrollo de herramientas, procesamiento de datos robados y adaptación de sus métodos frente a defensas de seguridad.
La compañía incluso señala que algunos atacantes usaron IA de forma más autónoma, dentro de marcos multiagente capaces de ejecutar partes de una cadena de ataque bajo supervisión humana.
Este punto es clave porque el riesgo no está solo en que una IA “escriba código”.
El riesgo real aparece cuando se convierte en una capa que ayuda a planear, repetir, ajustar y escalar acciones maliciosas.
Por eso Anthropic insiste en que la defensa también debe evolucionar.
Un dato importante del informe es que los casos analizados involucraron modelos Claude Haiku, Sonnet y Opus.
Anthropic aclara que no encontró actividad maliciosa en modelos de la clase Claude Fable o Mythos, con excepción de un caso de destilación ilícita.
Esto importa porque Mythos y Fable han sido presentados como modelos más sensibles por sus capacidades avanzadas, especialmente en áreas como ciberseguridad y biología.
La compañía parece querer enviar un mensaje claro: los modelos más potentes requieren salvaguardas más fuertes y acceso más controlado.
No basta con lanzar capacidad. También hay que vigilar cómo se usa.
Anthropic también reportó intentos de usar Claude para operaciones de influencia.
La compañía define estas operaciones como esfuerzos para manipular el entorno informativo, incluyendo discursos políticos, cívicos o públicos, con intención de engañar, distorsionar o influir de manera encubierta en la percepción de las personas.
El informe describe varias tendencias preocupantes.
Una de ellas es la “influencia como servicio”: actores comerciales que producen campañas para terceros, lo que permite a gobiernos, partidos o grupos de interés ocultar mejor quién está detrás de ciertos mensajes.
Otra tendencia es el uso de la IA como una especie de sala de redacción artificial. En algunos casos, Claude fue integrado en flujos humanos ya existentes para producir o editar contenido a una escala mayor de la que esos actores podrían alcanzar solos.
En cristiano: la IA no inventó la propaganda, pero puede hacerla más barata, rápida y difícil de detectar.
Uno de los apartes más interesantes del informe es cómo los actores intentaron usar IA para “lavar” atribución, fuentes y certeza.
Anthropic señala que algunos operadores buscaban que narrativas estatales o encargadas parecieran venir de voces independientes. También intentaban quitar señales de automatización, sonar más orgánicos y ocultar el origen coordinado de las campañas.
Esto es bastante preocupante para medios, redes sociales y usuarios comunes.
Porque el problema ya no es solo detectar un texto “hecho por IA”.
El problema es detectar una operación organizada que usa IA para parecer humana, espontánea e independiente.
Ese es un reto enorme para elecciones, debates públicos y conflictos internacionales.
El informe también dedica una sección al uso de Claude en operaciones de vigilancia.
Anthropic afirma que detectó y desmanteló actividades de actores alineados con Estados, contratistas vinculados a gobiernos y vendedores comerciales de spyware que intentaron usar Claude para facilitar sistemas de vigilancia.
La compañía menciona casos relacionados con China, Irán, África Occidental y el mercado comercial de vigilancia bajo demanda. También señala que su política prohíbe usar Claude para vigilancia no consentida, perfiles de personas o violaciones de derechos civiles y humanos.
Este punto es clave porque muestra otro riesgo de la IA avanzada: no solo puede ayudar a atacar sistemas, sino también a construir herramientas para vigilar personas.
Y ahí el problema deja de ser solo técnico.
Se vuelve político, legal y humano.
Anthropic también encontró abusos vinculados a estafas y fraude.
El informe incluye ejemplos de redes fraudulentas, plataformas engañosas y operaciones destinadas a robar dinero o datos de usuarios. La compañía afirma que en todos los casos descritos tomó acciones como prohibir cuentas, mejorar detecciones y compartir inteligencia con autoridades o socios de la industria cuando correspondía.
Este tipo de abuso es especialmente preocupante porque la IA puede hacer que una estafa parezca más creíble.
Puede redactar mejor.
Traducir mejor.
Personalizar mensajes.
Responder dudas de la víctima.
Crear perfiles falsos más convincentes.
Y sostener conversaciones largas sin cansarse.
Eso no significa que la IA sea la causa del fraude, pero sí puede convertirse en un amplificador.
El informe también entra en terrenos todavía más delicados.
Anthropic describe intentos de uso indebido en áreas biológicas y afirma que este es uno de los riesgos más serios de los modelos de frontera. La preocupación es que, sin salvaguardas correctas, un modelo avanzado pueda ayudar a hacer más peligrosos ciertos patógenos o apoyar trabajos biológicos de alto riesgo.
También reporta casos relacionados con armas convencionales, incluyendo intentos de usar Claude para desarrollar software asociado a armas, drones, misiles o sistemas de control y selección de objetivos.
Por seguridad, no conviene entrar en detalles técnicos de esos casos.
Lo importante para el lector general es entender la dimensión del problema: los modelos de IA avanzados pueden ser útiles para ciencia, defensa y seguridad, pero también pueden ser presionados por actores que buscan aplicaciones peligrosas.
En todos los casos del informe, Anthropic afirma que interrumpió la actividad detectada, fortaleció sus salvaguardas y compartió inteligencia con autoridades o socios de la industria cuando lo consideró apropiado.
Eso muestra una parte importante del nuevo papel de las empresas de IA.
Ya no son solo proveedoras de software.
También se están convirtiendo en actores de seguridad digital, capaces de detectar patrones de abuso antes de que lleguen completamente a redes sociales, víctimas, empresas o gobiernos.
Pero eso también abre preguntas.
¿Cuánta visibilidad tienen estas compañías sobre lo que hacen los usuarios? ¿Cómo equilibran privacidad y seguridad? ¿Qué deben reportar? ¿A quién? ¿Con qué límites?
La inteligencia artificial no solo está cambiando el trabajo. También está cambiando la vigilancia del abuso tecnológico.
Anthropic publica este informe como una forma de alertar a otros desarrolladores, gobiernos, sociedad civil y defensores de seguridad sobre cómo evolucionan las amenazas con IA.
Y el mensaje es claro: si los modelos se vuelven más capaces, los riesgos también crecerán, a menos que desarrolladores y defensores actúen para hacerlos más seguros.
Esto no significa que la IA deba frenarse por completo.
Significa que la seguridad no puede ir detrás del marketing.
Cada nuevo modelo más potente debería venir acompañado de mejores pruebas, mejores filtros, mejores sistemas de monitoreo y mejores mecanismos de respuesta.
Porque los atacantes también están aprendiendo rápido.
Aunque muchos casos del informe se relacionan con actores internacionales, el impacto también toca a América Latina.
La región ya enfrenta extorsiones digitales, fraudes por WhatsApp, suplantación de identidad, campañas de desinformación, ataques a empresas y robo de datos.
Con IA, esas amenazas pueden volverse más convincentes y más escalables.
Un correo falso puede sonar mejor.
Una llamada automatizada puede parecer más humana.
Una campaña política engañosa puede producir más contenido en menos tiempo.
Un atacante con menos experiencia puede apoyarse en herramientas que antes no tenía.
Por eso empresas, medios, gobiernos y usuarios en Colombia también deben prestar atención a este tipo de informes.
james
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